Experiencias

Rodolfo Salas: Facilitador y potenciador sobre conocimientos de liderazgo, estrategia, marketing y gestión de los negocios.

Fortalezas: Dirigir, inspirar e integrar a otros con una gran energía, Aceptar cambios de forma positiva, Desarrollar relaciones con otros, Ser más visible y Tener un alto grado de compromiso.

miércoles, octubre 18, 2017

Nobel 2017: aire renovado para la "Palermo" de la economía

Richard Thaler, galardonado por la Academia Sueca, le hizo ganar protagonismo a la economía del comportamiento; esa rama de estudios, en la que interviene la psicología, es aspiracional.


¿Cuál es la mejor manera de medir qué tan cool y sólida a nivel académico es una persona? Una posibilidad es el "número de Erdos-Bacon", que mide cuál es el grado de separación de cualquier mortal con el prolífico matemático húngaro Paul Erdos (a cuántos papers de distancia se encuentra uno cuando se van relacionando coautores) y del también muy prolífico actor Kevin Bacon. Richard Thaler, el flamante premio Nobel de Economía, tiene un bajísimo número de Erdos-Bacon: la suma da 5. Escribió un paper con Peter Waker (que tiene un Erdos 2) y actuó en The Big Short con Ryan Gosling, que compartió cartel en otra película con el protagonista de Footloose.

Esta buena combinación de solidez teórica e histrionismo y dotes de divulgación no es trivial en el aporte de Thaler a la discusión económica por el que fue reconocido días atrás por la Academia Sueca. Fundada por los psicólogos israelíes Daniel Kahneman y Amos Tversky a mediados de los 70, la economía del comportamiento -la rama que toma enseñanzas de la psicología- permaneció casi una década y media en lugares muy marginales de la academia, casi como una excentricidad. Colin Camerer, uno de los teóricos más respetados en esta disciplina, que combina en sus trabajos sesgos cognitivos con teoría de los juegos, solía decir que en los 80, cuando salían a navegar los asistentes a un seminario de economía comportamental, si se hundía el bote desaparecía el campo emergente por completo.

Thaler y sus colaboradores en la Universidad de Chicago fueron los encargados de hacer el upgrade que llevó a la economía del comportamiento a ponerse de moda y vivir, en la última década, un boom sin precedentes, con centros de estudio, best sellers, journals propios, miles de tesis de posgrado y espacio creciente en la agenda de los gobiernos.

La "chispa" que encendió Thaler se activó en 1987, cuando empezó a publicar una muy popular columna, "Anomalies", en el prestigioso Journal of Economics Perspectives. "La columna de anomalías fue muy importante para poner sobre la mesa problemas de la teoría de decisión usual y la variedad de patrones de conducta observables que están ahí para ser sistematizados", explica a LA NACION Daniel Heymann, profesor de la UBA y uno de los primeros en traer a la Argentina, a sus clases, las ideas de Thaler para discutir con sus alumnos, entre ellos Eduardo Levy Yeyati, Javier Finkman o Walter Sosa Escudero. "Los sesgos de cuentas mentales, statu quo y aversión a las pérdidas son ideas elegantes y relevantes, que su trabajo ayudó a incorporar al debate", completa Heymann.

La economía del comportamiento comenzó una etapa de crecimiento empinado, a tal punto que la consultora de tendencias tecnológicas Gartner, que elabora anualmente su Hype Cycle (curva de exageración de distintas tecnologías, modas y tendencias) la puso años atrás en su zona de "sobrecalentamiento", ya cerca de que explote la burbuja.

En 2002, el Nobel a Kahneman y Tversky hizo que la rama subiera un escalón importante. Y los reproches por los mercados imperfectos que arreciaron con la crisis subprime de 2007 y 2008 trajeron más agua para el molino conductual. De hecho, la película The Big Short trata sobre esta cuestión, y allí se lo ve a Thaler junto a la estrella pop Selena Gómez explicando la "falacia de la mano caliente": la ilusión por la cual creemos que la distribución de probabilidades de un evento nuevo está relacionado con los anteriores (se piensa que un basquetbolista que viene encestando tiene más chances de volver a hacerlo), cuando no es así.

¿Qué tienen en común Palermo, la inteligencia artificial y la economía del comportamiento?

Que todos son etiquetas aspiracionales que hacen que se coloquen bajo su paraguas superficies fronterizas, para tratar de captar su "efecto halo". Si fuera por las inmobiliarias, Palermo tendría la superficie del imperio mongol de Gengis Kahn; cualquier programa de software hoy se hace llamar inteligencia artificial para atraer inversores y atención mediática. Lo mismo ocurre con la economía del comportamiento: estudios de psicología experimental (sin nada de economía), de neuroeconomía, de economía de la felicidad o de cualquier tópico "raro" (penales de futbol, etcétera) son etiquetados erróneamente bajo este rótulo de moda.

El propio Kahneman alertó el año pasado sobre los riesgos reputacionales de esta burbuja. Las promesas desmedidas suelen derivar en fracasos más sonoros, y esto fue lo que sucedió para la economista Allison Schrager, quien en un informe para la OCDE informó sobre un estado más bien decepcionante de las políticas públicas basadas en aportes de la economía del comportamiento. Las más de 30 oficinas que existen en el mundo con esta tarea (behavioral units) no vienen mostrando resultados agregados importantes, según Schrager, para quien "la mayor parte de las acciones relevadas tienen que ver con obligar a empresas y a organismos a dar más información y a ser más trasparentes, y no está claro que ésos sean aportes de la economía conductual o simplemente el sentido común de que estas comunicaciones deberían ser más honestas".

El contraargumento es que tal vez sea demasiado pronto para exigir resultados robustos, y que de todas formas se trata de políticas en general muy baratas de implementar, por lo que vale la pena seguir intentando.

En este panorama algo amesetado, el Nobel a Thaler fue un espaldarazo para que la rama fundada en los 70 siga evolucionando o tal vez logre reinventarse. Thaler es un académico muy querido entre sus colegas, afable y amigo de las discusiones abiertas: solía jugar el tenis en Chicago con Eugene Fama, uno de sus enemigos más acérrimos, defensor de la hipótesis de los mercados racionales y ganador del Nobel en 2013.

Su último libro, Misbehaving, fue reseñado meses atrás en este espacio por Javier Finkman, bajo el título de Vamos a portarnos mal. En otra reseña más larga, que se puede leer en la página de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, Pablo Mira, autor de Economía al diván, recuerda el genial y muy divertido relato que hizo Thaler de una mudanza de oficinas del Departamento de Economía de la Universidad de Chicago, donde el esquema diseñado para repartir los nuevos espacios contradecía todas las teorías que se propagan desde el faro ideológico neoclásico: el sistema era poco trasparente (insuficiente información), repleto de arbitrariedades (intervencionista) y dejó como saldo peleas interminables entre profesores (ineficiencia paretiana).

En The Undoing Project, el último libro de Michael Lewis, que cuenta la historia de la colaboración entre Kahneman y Tversky, hay un primer capítulo que narra cómo en la década pasada la NBA cambió por completo su forma de juego, gracias a una combinación de insights de las ciencias cognitivas y análisis de big data. El juego se volvió mucho más cooperativo, menos especulativo, subió la visibilidad de las ventajas del trabajo en equipo y del sacrificio en defensa. El resultado: una liga en la que todos ganaron, los espectadores, los clubes y los jugadores. ¿Podrá la economía del comportamiento, con el motor del big data, lograr una reinvención similar, con tanta eficiencia paretiana como el básquet?

martes, octubre 17, 2017

Zanahoria o Palo ¿Cómo Motivar?


Tali Sharot,  directora  del “Affective Brain Lab”  y autora de “The Influential Mind: What the Brain Reveals About Our Power to Change Others” en hbr.org del pasado 26 de septiembre plantea la pregunta de qué es lo que motiva más a los profesionales.

Jeremy Bentham en el siglo XVIII escribió: “El placer y el dolor gobiernan nuestros actos, nuestras palabras y nuestros pensamientos”. La moderna neurociencia apoya esta intuición. El sistema límbico cerebral, importante para las emociones y la motivación, se proyecta en el resto de  nuestra mente, influyendo en todos los aspectos de nuestra vida, desde nuestra capacidad de aprender, a las amistades que elegimos o a las decisiones que tomamos.

No resulta por tanto sorprendente que, cuando intentamos motivar a los demás tratemos de obtener un placer anticipado prometiendo recompensas como una promoción o un reconocimiento público o de advertirles del dolor del castigo como puede ser un feedback negativo o un cese. La dificultad estriba en saber cuándo hay que utilizar la promesa de la zanahoria o la amenaza del palo.

Un estudio realizado en un hospital público neoyorquino facilita alguna respuesta. La meta del mismo era conseguir incrementar la frecuencia con la que los facultativos de la unidad de cuidados intensivos se lavaban las manos para prevenir infecciones. Las cámaras instaladas delante de los dispensadores de sustancias desinfectantes mostraban que sólo el 10% de la plantilla médica las utilizaban antes y después de entrar en la habitación del paciente, a pesar de que sabían que estaban siendo grabados y conocían las consecuencias de no desinfectar sus manos. Para corregir esta situación se instaló una pantalla electrónica en el hall de la unidad que daba a los profesionales un feedback inmediato. Cada vez que se lavaban las manos aparecía en pantalla un mensaje positivo del tipo: ¡Buen trabajo! y la puntuación que recogía la cumplimentación se elevaba. Cuatro semanas después de iniciar el experimento el grado de cumplimiento se había incrementado y rozaba el 90%. Lo mismo ocurrió cuando se replicó la prueba en otra unidad del centro.

Las conclusiones que se obtuvieron del estudio son que para obtener este resultado era clave el hecho de que los investigadores habían escogido una estrategia positiva en lugar de utilizar la amenaza de la extensión de infecciones. Cada vez que un médico se lavaba las manos recibía un feedback positivo inmediato y éste desencadenaba una señal de recompensa en el cerebro, reforzando la acción que la ocasionaba y favoreciendo el que ésta se repitiese en el futuro.

La neurociencia sugiere que cuando queremos motivar una acción las recompensas pueden ser más eficaces que los castigos y lo inverso es, también, cierto cuando queremos disuadir una acción, como por ejemplo el utilizar los medios de la organización para fines privados. En este caso es mejor utilizar los castigos. La razón por lo que esto ocurre está relacionada con las características del mundo en el que vivimos.

Para obtener recompensas en la vida normalmente tenemos que actuar, por lo que nuestro cerebro ha evolucionado para adaptarse a un mundo en el que la mejor estrategia para conseguir recompensas es actuar. Cuando esperamos algo bueno nuestro cerebro inicia una señal de puesta en marcha, desencadenada por las neuronas dopaminérgicas situadas en la profundidad del cerebro que se activan a través del cerebro hasta llegar a la corteza motora que controla la acción.

Por el contrario, para evitar cosas malas normalmente nos paramos, por lo que el cerebro se ha acomodado a un entorno en el que con frecuencia (aunque no siempre) la mejor forma de evitar el daño es no actuar. Cuando prevemos algo negativo nuestro cerebro desencadena la señal de bloqueo, que también se moviliza hasta la corteza para inhibir la acción.

La creación de una anticipación positiva (reconocimiento semanal en la intranet, por ej.) puede, pues, ser más eficaz para motivar acción que las amenazas negativas ante el bajo desempeño (reducción de sueldo,…). El miedo y la ansiedad pueden hacer que nos retiremos y rindamos en lugar de actuar y mejorar.

lunes, octubre 16, 2017

Mujeres líderes: el mundo del trabajo desde una mirada femenina

En un evento organizado por la nación, varias ejecutivas hablaron de sus desafíos y de las dificultades que aún existen para llegar a cargos de alta responsabilidad.

Maubré, Cahen D´Anvers, Del Rio, Caballero y FornoniTODA. Foto: Fabián Malavolta

El mundo laboral local, en lo que respecta a la participación femenina, tiene un problema de números. De acuerdo con un estudio del Instituto Peterson, la Argentina se encuentra en el noveno puesto entre los 10 países con menor balance de género en el trabajo. Del grupo no muy grande de ejecutivas argentinas, la nación reunió a 16 directivas, especialistas y referentes para hablar de sus desafíos laborales. Fue en el evento de Mujeres Líderes, celebrado en el hotel Four Seasons y moderado por los periodistas José Del Rio y Carla Quiroga.

A las expositoras mujeres se les sumó un hombre, Andrés Hatum. El profesor de la Escuela de Negocios de la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT) fue el encargado de explicar por qué, según entiende, ellas tienen más dificultades para acceder a puestos de liderazgo que ellos. Relacionó eso con tres factores: la maternidad, la educación y la responsabilidad de las corporaciones.

Cinco emprendedoras contaron las historias de sus proyectos. Lucrecia Cornejo (Diderot.Art) explicó por qué tener la socia correcta hizo que dejara 11 años de carrera en el sector financiero, para lanzar un e-commerce de arte contemporáneo. Mijal Yelin (ReservaTurno) habló de su plataforma de reservas de turnos en salones de belleza, estética y peluquerías, que este año llamó la atención de los directivos de Facebook y también de cómo aprendió a balancear la relación con su socio, su primo segundo.

Belén Barragué (Sofía de Grecia) rememoró cómo Facebook encendió la chispa del fanatismo por sus diseños de zapatos y ropa: apenas abrió su primer local en Recoleta, hubo tres cuadras de cola. Cecilia Membrado (Renová Tu Vestidor) contó por qué su marketplace de venta de ropa usada ayuda a ordenar el placard de las mujeres que, dijo, sólo usan el 20% de sus prendas. Cecilia Retegui (Zolvers) también "ordena", pero en su caso lo que busca eficientizar no es el espacio en un vestidor, sino el mercado de trabajadoras domésticas y cuidadores de adultos mayores, a quienes también les da educación financiera.

Tres ejecutivas fueron las integrantes del panel que siguió al de emprendedoras. Katzi Olivella (Coca-Cola) narró cómo allanó el camino para otras colegas al pedirse nueve meses de licencia en una de las mayores empresas de consumo masivo. También se refirió a la iniciativa 5by20, a través de la que la compañía busca empoderar a 5 millones de mujeres hacia 2020.
María Paz Sammartino (L'Oréal Argentina) expuso por qué los estereotipos de género todavía complican que la mujer pueda hacer un plan de carrera sólido como el de sus pares hombres. Florencia Davel (Bristol-Myers Squibb) contó cómo es la cultura laboral de una compañía en la cual 7 de cada 10 puestos gerenciales están ocupados por mujeres, pidió dejar de dividir en dos perfiles el liderazgo y recordó buenas experiencias con jefes y con jefas, por igual.

Las tres integrantes del panel fueron ejemplo de algo que no se ve frecuentemente: en la Argentina, solamente el 5% de las mujeres que tienen responsabilidades gerenciales llegan a ser ejecutivas. El dato lo aportó Marcela Celorrio, headhunter y asociada de Suárez Battan & Asociados, que apareció en las pantallas del evento para hablar (a distancia) de liderazgo femenino.

La abogada Ana Rosenfeld rememoró anécdotas de su trabajo como defensora de mujeres en procesos de divorcio. Detalló que la Justicia es machista y pidió no subestimar a la mujer: "Es todoterreno. Es madre, esposa, trabajadora, amante, y el hombre, a lo mejor, solamente se dedica a pensar en él", dijo.

Kate White fue la invitada internacional y habló vía videoconferencia. Explicó cómo los "instintos valientes" de las mujeres se van callando por los mensajes que envía la sociedad, y señaló que deberían recuperarlos para ascender en el mundo laboral. También animó a las trabajadoras a probar puestos de alta jerarquía: "Si no les gusta, siempre pueden irse", indicó.

Continuó un panel de cuatro referentes. La diseñadora Paula Cahen D'Anvers, directora creativa de Etiqueta Negra, habló sobre la necesidad de conectarse con lo estético y de tener un proyecto. Mariel Fornoni (Management & Fit) sostuvo que las mujeres tienen un buen momento en la política pero que no siempre será así, y también dio pronósticos para las próximas elecciones. Alicia Caballero (Universidad Católica Argentina) sostuvo que hay que dejar que las mujeres definan la medida de su éxito. Y Jackie Maubré (CEO de la firma de finanzas Cohen) describió cómo se abrió camino gracias a la educación en un mundo financiero, históricamente gobernado por hombres.

La vicepresidenta de la Nación fue la figura protagonista sobre el final evento de Mujeres Líderes. Gabriela Michetti se alejó del escenario de la campaña para hablar de su historia profesional y personal desde un lado más íntimo. Recordó sus inicios en la política en la Legislatura porteña, su militancia en la Iglesia y su camino hacia el Poder Ejecutivo. Y se emocionó cuando recordó su momento de mayor fortaleza: su lucha por la vida tras el accidente automovilístico que tuvo a los 29 años. 

Sofìa Terrile

domingo, octubre 15, 2017

¿Qué le motiva para levantarse cada día e ir al trabajo?

DREAMSTIME EXPANSION

El sueldo que gana, un posible ascenso, un empleo feliz en el que aprende cada día, los planes de carrera, su jefe o los compañeros... Algo habrá que le anime todas las mañanas a volver a la oficina...

No hay blanco o negro en cada jornada laboral. En la escala de grises del día a día un buen trabajo que le hace feliz hoy puede convertirse en frustrante, y viceversa. La alegría de un ascenso o la de un aumento de sueldo es efímera y no existe el jefe ni la empresa ideal, pero es posible que construya una realidad profesional más que aceptable si reinventa cada día su puesto y trata de darle valor.

Procure no idealizar las expectativas, ya que cualquier empleo tiene una cara amable y una cruz mucho más tediosa. Tampoco resulta sensato diseñar un puesto haciéndose una composición de lugar que difiera de la realidad, ni hacer una interpretación demasiado positiva cuando llegamos a un nuevo trabajo.

Así las cosas, ¿qué le lleva a levantarse cada mañana para ir al trabajo?

El sueldo es la gran motivación

El dinero no hace la felicidad, pero ayuda a conseguirla. Y la satisfacción laboral sostenida por una retribución más que aceptable no dura para siempre. Si el sueldo es lo que le anima cada mañana, recuerde que el elemento económico, aunque sigue siendo uno de los principales en términos de motivación, pronto se interioriza o se olvida. El salario, más que una motivación, se considera ya un básico, y el impulso extra que proporciona un aumento de sueldo dura pocos meses. A partir de unos ingresos anuales de 67.000 euros no hay mayores consecuencias en términos de felicidad, según algunos expertos.

Un trabajo que le hace feliz

Lo que de verdad motiva son las nuevas oportunidades de trabajo y el hecho de poder participar en proyectos innovadores. Quizá su compañía le ofrezca esto. Dé gracias, porque esta es una buena forma de recompensar a los empleados y de conseguir que se sientan diferentes, otorgándoles nuevas responsabilidades y enriqueciendo su actividad habitual.

Lo mejor son las recompensas intrínsecas, que son las que nos damos a nosotros mismos, del tipo "siento que estoy aprendiendo"; "formo parte de un grupo exclusivo"; "soy útil en la organización, y me siento reconocido".

En todo caso, sea prudente con los niveles de felicidad que muestra. Parecer muy satisfecho y alardear de ello en el trabajo puede ocasionarle problemas con sus compañeros o con su jefe, básicamente porque un exceso al manifestar satisfacción laboral se puede identificar con buenismo y, lo que es peor, con falsedad. Generar lo que se conoce como buen rollo está bien, pero el que se excede aparentando felicidad o alardea de lo bien que vive se convierte en un prototipo de tóxico de oficina.

Perseguir cada día el ascenso

Si su objetivo es promocionar, tendrá que dominar los tiempos, y estar en el sitio adecuado en el momento oportuno. Planificar esa estrategia puede tenerle ocupado, y tratar de tener ventaja sobre otros colegas o competidores que quizá aspiren al mismo puesto puede motivarle cada mañana.

Pero aquí las teorías tampoco le auguran una felicidad eterna: igual que ocurre en el caso de un aumento de sueldo, escalar posiciones no implica que su trabajo sea relevante y satisfactorio. Puede ser que se levante cada mañana, que trabaje y pase muchas horas fuera de casa, que consiga una promoción... Pero es posible que se dé cuenta al cabo de poco tiempo que eso no es lo que desea realmente. Y que no le motiva a largo plazo.

Ir para no trabajar... sin que se note

Tal vez lo que le haga feliz sea trabajar en una organización que tiende a valorar el hecho de que usted simplemente está en la oficina, aunque nunca mida su productividad ni sus resultados. Puede ser feliz en una compañía que valora ante todo la cultura del alto rendimiento aparente. Así, se levantará cada mañana para interpretar su papel de agobiado permanente, manteniendo una pose de falsa actividad desbordante... Y será aún más feliz si su empresa se lo permite e incluso se lo recompensa. Quienes logran esto suelen vivir a la sombra de un jefe que controla poco y mal.

Para despertarle de su sueño debe saber que mantener esta farsa profesional depende sobre todo de la organización en la que trabaja. Muchas empresas no le verán motivado, pero si cumple, le mantendrán. Aguantar depende de que su organización sea de tipo paternalista, y todo eso tiene un coste para la empresa, pero también para usted como profesional.

Tiene un jefe que impulsa su talento

Su jefe confía en usted y lo demuestra; le pone retos; le ayuda a desarrollarse profesionalmente; es un verdadero líder, preocupado no sólo de su desempeño, sino también de motivarle; influye pero no manda; es un generador de espacios emocionales en los que puede liberar su talento... Si esto es así, no es de extrañar que esté deseando que llegue un nuevo día para acudir a la oficina. Más cuando el común de los mortales no se va de su empresa, sino de su jefe, que suele ser un factor definitivo para el enganche.

Puede agrandar su marca personal

Si le gusta lo nuevo y la creatividad, y su empresa le permite experimentar, también tiene otro motivo para levantarse cada mañana. Se trata de un factor de motivación que implica novedad. Y esto también tiene que ver con la posibilidad de capitalizar la propia marca, incluso trabajando en una gran compañía. Pero debe tener cuidado con pensar que por ser un crack en las redes sociales tiene asegurado un puesto de trabajo. Puede que estar excesivamente presente en ellas no sea la mejor estrategia, porque no todos los que presumen de marca personal son expertos sólo por frecuentar Facebook, LinkedIn o Twitter. Ser muy visibles en el mundo 2.0 no le convierte automáticamente en buen profesional. Si centra su branding personal en la visibilidad, se equivoca. Simplemente será más conocido.

Autogestión del tiempo

Quizá el tiempo libre sea una moneda común en su empresa cuando se trata de recompensarle de manera diferente y efectiva.

Para que esto suceda, su organización debe crear un entorno laboral cada vez más flexible que huya del presentismo y de la idea de que hace falta estar en la oficina.

Debe tener en cuenta además que esto choca con la exigencia de una dedicación de 24 horas, que es también común en muchas organizaciones. Esas exigencias de tiempo y dedicación nunca vistas requieren de una gestión específica por parte de cada uno que no tienen mucho que ver con los presupuestos tradicionales de conciliación, habituales en muchas empresas. Frente al equilibrio entre ambas facetas, hay quien habla de la necesidad de integración, ya que la disponibilidad de 24 horas y la injerencia de las compañías en la esfera privada van en aumento.

sábado, octubre 14, 2017

Cómo gestionar el capital humano para que sea rentable


Las empresas a nivel mundial están acostumbradas a gestionar de manera eficiente sus recursos, especialmente los financieros. Tras una época de crisis económicas ese control, cuidado y medición de riesgos ha permitido que muchas de ellas sobrevivieran. Sin embargo, las organizaciones se enfrentan ahora a un problema más difícil de abarcar, pues son muchas las variables que inciden en él: la gestión y atracción del talento.

“El recurso más escaso en la actualidad es el capital humano, el cual se mide por el tiempo, talento y energía de la plantilla”, revela un artículo publicado por Harvard Business Review (HBR). Según su autor, Eric Garton, socio de Bain & Company de Chicago (EEUU), a las limitaciones de tiempo hay que sumar el hecho de que las empresas sólo cuentan con un 15% de trabajadores capaces de marcar la diferencia.

Además, encontrar nuevo talento, así como invertir en su desarrollo y retención se ha vuelto una tarea difícil y volátil. Los nuevos intereses y necesidades de las nuevas generaciones cambian al mismo ritmo en que avanzan las nuevas tecnologías, que por otro lado es el principal factor que impide que estos profesionales aprendan las capacidades que necesitan las empresas para afrontar los nuevos retos que plantea la transformación digital.

Como consecuencia, las empresas no siempre adquieren talento rentable, al menos no a largo plazo. Y es que la energía de la fuerza de trabajo es también difícil de gestionar. Cuentan los expertos que la motivación y la creatividad son dos de los principales elementos impulsores de la rentabilidad económica empresarial.

De hecho, según HBR, “los trabajadores ‘inspirados’ son tres veces más productivos que sus colegas insatisfechos”. Sin embargo, adquirir este tipo de profesionales y mantener estas sinergias no es fácil y suele ser escaso: “solo uno de cada ocho trabajadores encaja en la definición de inspirado”, apunta Garton.

Entonces, ¿cómo se puede organizar y manejar mejor el capital humano disponible? A través de cuatro pasos: medición, inversión, monitorización y reconocimiento.
  1. “No se puede gestionar lo que no se puede medir”. Para medir el capital humano se puede empezar por estudiar el coste del arrastre organizacional y los beneficios de una buena gestión del talento y de la energía que resulta eficaz, en relación con la capacidad productiva total de la empresa. “De este modo, se puede medir la cantidad y el valor del tiempo dedicado a cada iniciativa, así como el retorno logrado sobre ese tiempo”, señala HBR.
  2. “Invertir en lo humano igual que se haría en lo financiero”. Hay que empezar a pensar en el coste de oportunidad de una hora perdida –midiendo, por ejemplo, el coste de las reuniones- y en los proyectos en términos de horas y dinero para, antes de aceptar una nueva reunión e iniciativa, incluir el coste de oportunidad del tiempo y talento en la tasa crítica de rentabilidad.
  3. “Monitorizar los procesos y resultados”. Se debería realizar revisiones periódicas de cuánto arrastre organizacional controlable existe dentro de una empresa y qué medidas se están tomando para reducirlo. Muchas herramientas de big data, como Microsoft Workplace Analytics, ofrecen informes detallados de cómo utilizamos nuestro tiempo. Para optimizar el talento, se necesita saber quiénes son los trabajadores que marcan la diferencia y si ocupan puestos críticos para nuestra misión e iniciativas.
  4. “Reconocer y premiar la buena gestión del tiempo, el talento y la energía”. Aunque la mayoría de las empresas ya no ofrecen empleos vitalicios, sí que deberían encontrar la manera de crear un plan que incluya incentivos que permita a las empresas atraer y retener al talento. Asimismo, “los líderes deberían ser evaluados, compensados y reconocidos según su capacidad de inspiración”, explica Garton, que recomienda crear una hoja de balance del talento: cuántos individuos de alto potencial se han reclutado, formado y retenido; cuál es la balanza comercial del talento, es decir, restar a las incorporaciones de talento de alto nivel el número total de fugas de personal, etc. 
Fuente: Equipos y Talento

viernes, octubre 13, 2017

El deterioro ambiental y la geoingeniería: unidos o "venusificados"


Ante los desastres climáticos, hay quienes plantean la necesidad de estudiar, por ejemplo, cómo transformarla fuerza de los huracanes en energía eléctrica; una pregunta que flota: ¿puede la Tierra llegar a ser como Venus?

Entre tanta noticia trágica con los efectos de los recientes huracanes en el Caribe, la publicación satírica The Onion se tomó el tema, días atrás, con humor: "Los climatólogos dicen que la mejor esperanza para la humanidad es que los huracanes empiecen a girar en dirección opuesta y se cancelen entre ellos". El artículo citaba a una fuente ficticia de la Oficina Nacional de Meteorología de EE.UU. que sostenía: "A esta altura, creemos que la última y mejor chance de supervivencia de la especie humana es que dos megahuracanes giren en dirección opuesta, a exactamente la misma velocidad, y se cancelen entre ellos".

Los vientos de intensidad récord recientemente registrados (hubo hasta ahora, en lo que va del año, 13 gigantescas tormentas en el Atlántico, con nombre propio) pusieron de nuevo en el centro de la escena de debate al cambio climático: si bien está en discusión el hecho de que el aumento de catástrofes naturales esté relacionado con la contaminación, de lo que no hay dudas es de que las modificaciones medioambientales contribuyen de manera directa a que los efectos de estos desastres sean mucho más dramáticos, en costos materiales y en vidas humanas. La agenda de la "exponencialidad" en el avance de la ciencia y la tecnología aquí tiene algo para decir: como la velocidad de deterioro es mucho mayor que la de reemplazo gradual de combustibles fósiles, se necesitarán ideas muy originales y disruptivas para poder llegar a "tacklear" el problema a tiempo. No tan alocadas como la de la nota humorística de The Onion (los huracanes, por motivos del funcionamiento de la atmósfera, siempre giran en la misma dirección). Pero casi: esta semana el astrofísico Neil deGrasse Tyson -el presentador de la renovada serie Cosmos- sostuvo que la ciencia y la ingeniería deberían descubrir pronto cómo convertir la fuerza de los huracanes en energía eléctrica. "Creo que ésta sería una actitud mucho más constructiva que salir huyendo en auto y gritar que hay que comprar agua y papel higiénico", dijo el heredero de Carl Sagan en Cosmos.

Se estima que un tifón tropical promedio libera unos 600 terawatts de energía, una cantidad enorme, pero mucho más difícil de "domar" que otras fuentes naturales (energía solar, eólica, represas), debido al carácter móvil de los huracanes. A pesar de todo, en Japón y Miami ya hay prototipos construidos de turbinas para capturar una parte de la energía involucrada en estos fenómenos naturales.

El experto en energías renovables Alexis Caporale remarca que las noticias que vienen apareciendo este año dan cuenta de un abaratamiento y demanda de energías alternativas mucho más pronunciado que el que se había pronosticado. "En este campo no tenemos ni idea de las proyecciones y siempre la realidad supera lo que los expertos vaticinan. Pero en lo que es renovables y autos eléctricos te diría que la tendencia ya es irreversible. No porque sea fácil sino porque ya el combo «tecnología más infraestructura más decisiones macro más impacto económico» está resuelto", explica.

A pesar de los pedidos de Donald Trump para revivir la extracción de carbón, en los últimos doce meses -por primera vez en la historia- la energía solar fue la opción de mayor crecimiento en el mundo, y dos tercios de la energía agregada en el último año corresponden a fuentes alternativas, sostuvo el miércoles un reporte de la Agencia Internacional de Energía citado por The Guardian.

"Seguro van a aparecer disrupciones que nos sorprenderán (por suerte)", dice Caporale, que también es miembro del Instituto Baikal. "Las grandes incógnitas siguen siendo el almacenamiento que termine siendo ganador (hoy litio, mañana litio, pasado no sé), un posible resurgimiento de energía nuclear a baja escala, el reordenamiento de muchas industrias (y ciudades) a partir de que el transporte sea autónomo, y otras avenidas de impacto. Lo que toca ahora es hablar de deforestación vs. regeneración de ecosistemas, ganadería vs. carne sintética, penalidades a la ineficiencia energética, este tipo de cuestiones".

Entre las turbinas para huracanes de DeGrasse Tyson y la llegada de nuevas disrupciones que permitan desacelerar y revertir el proceso de degradación del medio ambiente se cuela una disciplina que parece sacada de novelas futuristas: la "geo-ingeniería", que promueve intervenciones humanas a escala enorme para influir en el clima.

El astrofísico David Grinspoon sostuvo la semana pasada que la geoingeniería podría ser el camino de salvación frente al deterioro ambiental y al efecto invernadero, por el cual se prevé que -en un escenario optimista- para fin de siglo la Tierra tendría una temperatura promedio por lo menos dos grados Celsius más elevada que la actual. Grinspoon es un experto en planetas del sistema solar, que han cambiado drásticamente sus condiciones climáticas en períodos largos, como Venus y Marte, y cree que allí hay pistas para prever las modificaciones que ocurrirán con el clima en la Tierra, más allá de los efectos del hombre. El astrofísico conversó sobre estos temas con el medio digital Futurism, que tituló a esta producción: "La «venusificación» de la Tierra: ¿El cambio climático nos terminará convirtiendo en un planeta como Venus?".

Uno de los centros de geoingeniería más renombrados a nivel académico es la Universidad de Oxford, en Inglaterra, donde hay varias líneas de investigación y propuestas que se engloban en dos categorías: tratar de que una parte de la energía solar no llegue a la Tierra (solar radiation management o SRM), colocando reflectores gigantescos en el espacio, por ejemplo; y por otro lado esfuerzos de distinto tipo para remover dióxido de carbono de la atmósfera.

¿Será la geoingeniería una de las carreras con demanda caliente en un futuro cercano? Esta semana, en Twitter, Daniel Molina (@rayovirtual) dudaba de este tipo de pronósticos y recordaba cómo en los 60 se impulsaba a seguir la carrera de "Perfoverificador": una especialidad muy requerida para las computadoras de empresas y del gobierno por entonces, que usaban los sistemas de tarjetas perforadas. La geoingeniería hoy remite más a las películas de cine catástrofe, donde hay que modificar el eje de rotación terrestre o frenar el impacto de un megameteorito. Pero tal vez pronto escuchemos más de ella, con posgrados en domesticación de huracanes, espejos espaciales y otras técnicas que hoy parecen de ciencia ficción. 

Sebastián Campanario

jueves, octubre 12, 2017

INTROSPECTIVA


Vivimos deprisa, excesivamente deprisa.

Los cambios acaecidos al son de la revolución tecnológica de los últimos años han generado un modelo social, cultural y por supuesto empresarial vertiginoso.

Quien más y quien menos, independientemente de su actividad profesional y de sus circunstancias vitales, ha visto como su línea de vida dejaba de tener forma de carrera de fondo para convertirse en un sprint constante, una especie de contra reloj vital.

Sin tiempo ni espacio para preguntarnos por qué, nos hemos encontrado sobreviviendo en un contexto y realidad ultra acelerado por nosotros mismos.

Y, en ese proceso de vida ultrasónica y agitada, se nos va desgastando la esencia. Las prisas, que nunca fueron buenas consejeras, nos han instalado en la exigencia, impidiendo mostrar la mejor versión de nosotros mismos en muchos órdenes y circunstancias de nuestra vida.

La tensión y ese intento estéril por no vivir asfixiados en todos los roles que desempeñamos generan una erosión silenciosa y progresiva de quien somos. Esta especie de “speed life” en la que andamos inmersos desdibuja nuestras mejores cualidades, imposibles de florecer en un contexto de urgencia y de inmediatez. Nos rendimos a la vertiginosidad. Tratamos de abarcar más de lo que humanamente podemos. Las exigencias nos oprimen y aunque nos empeñemos en negarlo en muchas ocasiones nuestra propuesta de valor, resta y no suma.

Paradójicamente, la sociedad y la economía del conocimiento, han contribuido a que nos conozcamos cada vez menos.

Bajo el dominio de este tiempo, rápido, vertiginoso y acelerado, en ocasiones, casi sin darnos cuenta, nuestra vida se resquebraja. Todo estaba sucediendo, nuestro día a día estaba repleto de indicios y señales, pero no había tiempo de detenerse en ellos, sencillamente, estábamos demasiado ocupados.

Mientras se deterioraban nuestras relaciones principales, mientras se evaporaba la vida de alguien cercano, mientras perdíamos referencias, mientras sucedían momentos vitales esenciales que jamás volveríamos a recuperar…mientras tanto…  tú, yo, nosotros… teníamos que hacer, conseguir, lograr, alcanzar y llegar… a, supuestamente, algún lado.
Y, en esas circunstancias, hay momentos en los que nuestro yo, hinca  las rodillas, superado por los acontecimientos y sucumbe a la realidad, probablemente víctima de un entorno vucalizado.

Sin embargo, precisamente, en esos momentos de quiebre, de absoluta zozobra vital; en esos momentos en los que nuestro mundo se desordena, en los que emergen nuestros miedos, nuestras dudas más existenciales, donde, encogidos de hombros, miramos con incredulidad lo que ha sucedido,  es entonces donde se esconde la mayor de nuestras oportunidades…

Y aunque los miedos nos paralicen, las lágrimas nos impidan ver con nitidez, o los juicios puedan generar un ruido insoportable en nuestros oídos… es justo ahí, en medio de esa sensación de catarsis, cuando hay que tirar de sentidos y dirigirlos todos en la misma dirección: hacia dentro de uno mismo…

Si esto sucede, es, precisamente en medio de ese terremoto existencial, justo desde el mismo centro del huracán que levanta del suelo todo lo que habíamos construido, justo ahí, es cuando con mayor fuerza debemos apelar a detenernos, a congelar el mundo y mirarnos dentro…

Pregúntate. No es tiempo de buscar respuestas… sino de hacerse preguntas las adecuadas.
Escúchate. Tiempo de dejar de hablar con otros para conversar con uno mismo; para sencillamente escuchar que tenemos dentro.
Reconócete. Date el privilegio de volver a encontrarte. Mírate, recórrete. Date el placer de descubrir aristas y curvas que no sabías que existían.
Discúlpate. Tiempo de perdonarse a uno mismo, de abandonar el auto-castigo, de enterrar ese amargo gusto por vapulearnos a nosotros mismos.
Permítete. Momentos para lanzarse, para probarse, para tentarse, para descartar el pudor que solemos concedernos.
Descúbrete. Tiempo de despojarse de caretas, de disfraces, de maquillajes. Tiempo para desnudarse frente al espejo.
Entiéndete. Momentos para comprender que nos mueve por dentro, que sacude nuestra alma y de que no estamos dispuestos a prescindir.
Enfréntate. A tus miedos y a tus tempestades, pero igualmente a tus anhelos, deseos y a tus inquietudes y sueños.
Conócete. Pregúntate, escúchate, reconócete, discúlpate, permítete, descúbrete, entiéndete, enfréntate, en definitiva, conócete… sé tú medio con un único fin…
Quiérete. Sabiendo tu esencia y tu razón de ser.

Porque precisamente en este contexto caracterizado por lo impredecible, lo volátil y lo incierto, nunca podremos dar nuestra mejor versión de sí mismos, ni hacia nosotros ni hacia todos aquellos que nos acompañan en este viaje vital si no hacemos el esfuerzo de saber quiénes somos, por aceptarnos desde ese autoconocimiento cada vez más necesario…

Porque ese exterior agitado e inquietante, nos sugiere la imperiosa necesidad de llevar a cabo una cuidada y mimada introspectiva…por ellos, pero sobre todo por y para uno mismo…

En ese apasionante viaje… sé quién soy… y tú, ¿quieres saberlo?

ESTA ENTRADA ESTÁ INSPIRADA EN TODOS Y CADA UNA DE LOS PÁRRAFOS DE UN REGALO LLAMADO ¿QUIÉN ERES TÚ? ESCRITO DESDE LA GENEROSIDAD Y A TRAVÉS DEL ALMA DE LAURA CHICA, Y QUE SIN DUDA TE SERVIRÁ DE AYUDA EN ESE MARAVILLOSO VIAJE PARA DESCUBRIRTE Y ENCONTRARTE…
Y ESTÁ DEDICADA A TODOS LOS EXPLORADORES Y AVENTUREROS QUE DECIDIERON MIRAR DENTRO DE SÍ MISMOS; Y A TOD@S AQUELLOS QUE EN ALGÚN MOMENTO SE DETENDRÁN, QUEBRADOS, ATEMORIZADOS Y SACARÁN EL VALIENTE QUE LLEVAN DENTRO…PARA PODER ENCONTRAR Y REGALAR LA MEJOR VERSIÓN DE SÍ MISMOS.